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¿Cómo prepararse para ser padre por segunda vez?

Antes de iniciar a responder la interrogante del título les platicaré un poco de mi experiencia como padre por primera vez en mi vida.
Fue un lunes completamente rutinario, despertar junto al amor de mi vida, alistarnos para cumplir nuestras obligaciones de gente adulta, (también se le conoce como trabajo), despedirnos con un beso de amor y cada quien tomara rumbos distintos. En ese tiempo cada uno de nosotros trabajaba fuera de la ciudad donde vivíamos, así que era un trayecto de sesenta minutos en rutas completamente opuestas. Después de la jornada laboral de ocho horas, continuaba con otra hora de traslado para ver de nueva cuenta a mi eterna novia. Por fin, estando juntos nos trasladamos al chequeo rutinario del mes número ocho de embarazo, hasta ese momento en mis veintiséis años jamás había sentido un miedo tan desesperante como el que estaba a punto de sentir, cabe señalar y resaltar que no fui un hijo tranquilo, sino un poco acelerado, arrebatado y rebelde, así que fui presa de varias situaciones de pánico y miedo, pero nada comparado con lo que estaba a punto de sentir. Durante la revisión por parte del médico ginecólogo yo no me percaté que él había encontrado algo fuera de lo normal con la madre de mi primera descendencia, a lo que antes de finalizar la cita recalco e impacto el consultorio con palabras secas y cortantes "ella no se puede ir hoy a su casa, es necesario llevarla al quirófano para hacerle cesárea. Tiene preeclampsia", el mundo se derrumba en mi interior, mientras volteo a verla y asustada me dice "¿qué vamos hacer?". Después de platicar con el doctor nos hizo confiar en que todo iba a estar bien y no había problema alguno, que primero Dios todo saldría bien.
Un rato después de estar en la habitación alistándose para el parto, abrió la puerta una enfermera preguntando si estaba lista, nos volteamos a ver, nos abrazamos y ambos nos dimos la bendición con la confianza que esta no sería la última vez que nos veríamos. A partir de ese momento mi susto se incrementó, mi agonía parecía que no tendría fin, mi corazón latía desesperadamente y no sabía cómo controlarme, lo único que quería era tener un rosario y mi ritual de la adoración nocturna. Por fin, después de largos diez minutos llego mi hermano con lo que ocupaba y llorando me aparte a un rincón, pidiendo que nadie me molestara. Pasando el tiempo de casi dos horas escucho el llanto de un bebé que me distrae de mi oración y secándome las lágrimas levanto la cabeza para ver al doctor parado frente a mí, que me dice: "felicidades al nuevo papá", entregándome un bodoque en mis brazos.
Si no hubiera entrado en oración rogándole al todo poderoso y a su amada madre que cuidaran de mi esposa, no sé como hubiera podido soportar la larga espera.
Ese nacimiento para mí fue completamente sorpresivo, disfrute de una gestación en la que pude acompañar en el chequeo mensual, ver el crecimiento de esa pancita tan hermosa, cantarle y hablarle en las noches que nunca me preocupe por el momento del nacimiento. Esos sentimientos de miedo y desesperación, esa impotencia de no poder hacer nada, fueron parte de mi, la palabra preeclampsia retumbó mis oídos acompañada de feos pensamientos.
Está segunda ocasión de ser papá, es completamente distinta a la primera, se vive de una manera distinta al lado de dos seres tan hermosos en mi vida llenos de luz y alegría que me motivan a seguir adelante en todas mis locuras y arrebatos por ser cada día mejor persona en todos los ámbitos.
La noticia de que sería papá por segunda vez llegó acompañado de una serie de preguntas en mi cabeza "¿y ahora qué?, ¿qué vamos hacer?", pero la respuesta es fácil y sencilla, dedicarle más entusiasmo a lo que hago por qué tendré otro pedacito de mi corazón en mis brazos.
A raíz de la experiencia anterior, me he preocupado más por el nacimiento que por el transcurso del embarazo, ahora somos dos los que tocamos esa pancita, somos dos los que le cantamos a esa pancita, somos dos los que ya queremos ver al nuevo integrante de familia para poder jugar con él, los meses de preparación han sido preocupantes, sin embargo la diferencia más grande es que me he puesto en manos de papá Dios desde el primer momento en que supe que volvería a ser padre, él me ha ayudado a confiar en que todo saldrá bien.
El ser papá por segunda vez es algo completamente inexplicable, se juegan sentimientos distintos a los de la primera vez, nada parecido, todo diferente.
La madurez que se adquiere al paso del tiempo, me ayudaron a pensar en todo lo necesario para esta llegada, ningún gasto innecesario, pero, como me distingo por ser completamente un dato atípico de la sociedad, debo admitir que si hice gastos fuera de lo presupuestado con una frase tan poderosa como: "es que, es para mi bebé".
También me he preparado en lo espiritual, me he acercado a la eucaristía para depositar esa confianza en el Señor. Si usted es incrédulo y ha permitido llegar hasta estas líneas, entienda mi punto de vista como un acto de fe y amor.
Estoy a unos cuantos días de seguir escalando en el camino de número de hijos y me siento feliz, emocionado, contento, alegre, entusiasmado, ansioso, por ver de nuevo a una criatura tan indefensa y que seré la persona encargada de formarla para su caminar por la vida, seré el responsable junto al lado de mi esposa de inculcarle valores de los cuales poco a poco se han ido perdiendo y que será responsabilidad de él decidir si llevarlos a cabo o no.
Mi sentimiento de miedo ahora cambia al querer saber qué pasará con ellos el momento que les falte, pero estarán de acuerdo conmigo que es algo innevitable y mientras no llegue me encargaré de disfrutarlos con el amor más grande que puedo tener.
Me atrevo a recomendar a quien me lea, que haga lo que haga, trate de ser el mejor papá del mundo, yo recuerdo al mío como el que siempre jugaba conmigo, el que me paseaba en bicicleta, el que me enseño a ser responsable en mi vida profesional, el que se quito el bocado de la boca por dármelo y que como hijo no entendía hasta ahora que soy padre. Así que debo ser igual o mejor que él, nunca menos, para que mis hijos me recuerden con esa emotividad con el que recuerdo a mi viejo. La única diferencia es que años atrás mi papá no tenía un celular que lo distrajera de esos momentos tan hermosos, por eso me empeño de dedicar tiempo de calidad y no tiempo en cantidad, para que esos momentos en los que jugamos, paseamos y reímos lo recuerden hasta el momento en que sean padres.
Antes de concluir y continuar respondiendo la pregunta del título, disfrute de ese embarazo y cada pequeño detalle involucrando hasta donde se permita a su primer retoño, que en mi caso he tratado de hacerlo. El ser buen padre o no depende de la subjetividad, espacio, tiempo y estado de ánimo de quien lo califica, no hay un estándar de calidad que nos permita saber si estamos cerca o no de lograrlo.
Prepárense con lo mejor que ustedes le puedan brindar a la vida, prepárense para cambiar nuevamente por completo y apreciar más los pequeños detalles, el amor es algo que crece, más nunca se divide, son tres sentimientos de amor que tengo hacia mi familia, uno para cada uno, completamente distinto, completamente inmenso. Prepárese con la mejor actitud y cara que le pueda brindar a la madre que está pasando por momentos tan cansados física y mentalmente, evite a lo máximo ser una carga más para ella, ayude en lo que pueda y comprenda esos pequeños cambios de humor tan repentinos.
Gracias a Dios por permitirme nuevamente plantear mis ideas en este espacio, gracias a él soy capaz de lograr grandes cosas. 

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