Este 1 de octubre de 2024 será recordado como un día histórico para México. Por primera vez en nuestra historia, una mujer ha tomado el cargo de Presidenta de los Estados Unidos Mexicanos. Después de décadas de lucha por la equidad de género, de romper barreras sociales y de exigir que las voces de las mujeres sean escuchadas, hoy, México se convierte en un ejemplo de lo que significa la inclusión y el cambio.
Pero, más allá de ese simbolismo que conlleva este momento de euforia, lo que me deja reflexionando (¿qué raro, verdad?) es la carga que representa para todos nosotros. ¿Qué significa realmente este suceso? ¿Es solo un triunfo para las mujeres o es un reflejo de un México que está cambiando y madurando socialmente? Preguntas muy interesantes que nos invitan a la reflexión, para quienes, como yo, crecimos viendo a México como un país donde las estructuras de poder parecían inamovibles, donde la política estaba dominada por figuras masculinas, esto es una verdadera sacudida de conciencia, pero, ¿aquí debe terminar esa sacudida?
La llegada de una mujer a la presidencia es el fruto de décadas de lucha, sin ninguna duda, no solo en la política, sino en cada rincón del país. El cambio no sucede de un día para otro (y lo he escrito en demasiadas ocasiones), esta victoria no es solo de la mujer que hoy lleva la banda presidencial, sino de todas las mexicanas que han roto techos de cristal, que han luchado contra la violencia de género y que, en silencio o en las calles, han exigido su lugar en la historia.
Y aquí es donde viene la gran pregunta del millón: ¿Qué sigue para nosotros, los ciudadanos, en este nuevo México que empieza a construir su historia desde una perspectiva diferente? Porque una cosa es celebrar este acontecimiento histórico, pero otra muy distinta es pensar en la responsabilidad que conlleva. No se trata de dejar en sus manos la solución de nuestros problemas. Claro, la esperanza está ahí, porque la ciudadanía queremos que este sea el cambio que tanto hemos anhelado (qué este sea el correcto), pero ya lo he dicho antes: no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando que "alguien más" arregle las cosas por nosotros.
Si algo me ha enseñado la vida es que debemos poner manos en obra. Así que aquí estamos como sociedad, celebrando este logro para el pueblo y sus mujeres mexicanas, pero también conscientes de que tenemos que actuar. Este es un llamado no solo a reconocer el momento que está marcando una historia nueva como sociedad, sino a comprometernos con el cambio desde nuestra trinchera. Y eso, mis amigos, no es una tarea fácil. Implica cuestionarnos nuestras propias creencias, hábitos, y acciones para estar a la altura de este nuevo México que se está construyendo.
Por otro lado, no podemos olvidar los desafíos. El camino que tiene por delante, nuestra nueva presidenta, no es fácil. Hereda un país que enfrenta retos monumentales: la violencia que vivimos en Sinaloa, la corrupción del país entero, la desigualdad en las clases sociales (primero los pobres, luego los pobres y al último los pobres), y una economía que necesita ser revitalizada (sigo insistiendo, los programas de ayuda social, no son la solución para la reactivación de la economía). Y aunque su figura representa esperanza, la realidad es que ella sola no puede solucionar todo. Aquí es donde debemos entramos nosotros, los ciudadanos, los que día a día vivimos, las consecuencias de las decisiones políticas.
Tenemos que involucrarnos, tenemos que exigir, pero también tenemos que ser parte activa del cambio. No podemos seguir siendo espectadores, y no podemos caer en el error de pensar que el simple hecho de tener una mujer en la presidencia mágicamente solucionará todo. Este es el momento de unirnos, de trabajar en conjunto y de apoyar, pero también de cuestionar y exigir resultados.
Hoy es un día que marcará un antes y un después en la historia de nuestro pueblo, pero el verdadero cambio no vendrá solo por la figura presidencial, sino por lo que hagamos como sociedad. Este es el inicio de una nueva etapa para México, una etapa que nos invita a reflexionar sobre el tipo de país que queremos construir, un país donde las oportunidades sean para todos, sin importar género, clase social o ideología.
Así que, mientras celebramos este gran momento, recordemos que la historia no se escribe sola, la hacemos nosotros con cada pequeña acción, con cada decisión. Este es nuestro México, y hoy comienza una nueva página, una página que nos toca llenar con acciones y con el compromiso de ser parte del cambio que tanto deseamos.
¡Viva México cabrones!

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